Entre lo físico y lo digital.
Interfase explora una identidad construida con capas: tipografía, módulos y superficies que cambian de relación sin perder su personalidad.
El punto de partida es el contraste entre la precisión de una retícula y la textura de los materiales. De esa tensión nace un lenguaje gráfico directo, flexible y reconocible.

Un sistema abierto.
Las formas se organizan como piezas de un mismo alfabeto. Pueden crecer, recortarse o desplazarse para adaptar la composición a una pantalla, un cartel o una secuencia en movimiento.
El color actúa como un punto de encuentro entre aplicaciones. La tipografía aporta estructura y los detalles táctiles evitan que el conjunto resulte demasiado uniforme.


Reconocible en cada formato.
La identidad mantiene su carácter al cambiar de escala. Una colección de reglas sencillas permite construir nuevas piezas sin repetir siempre la misma composición.
